A finales del siglo XIX, debido a la relativa autonomía de su población producto de sus posibilidades agrícolas y al mercado del tabaco, su cultivo más remunerativo, se impulsó un intercambio intenso con las colonias francesas desde Puerto Plata, importante puerto del norte de la isla. Esta relación comercial era superior, en ese momento, a la que se presentaba en Santo Domingo dándole mayor estabilidad a Santiago y aumentando sus actividades urbanas.
Este desarrollo comercial, a su vez, incrementó la influencia de la sociedad cibaeña en el resto del país debido a su mayor vinculación con el exterior. Santiago se convierte en centro administrativo, militar y comercial de toda la región y segundo centro de importancia, después de Santo Domingo, rol que continua ejerciendo.
Esta vinculación con la dinámica macroeconómica, cuyo control es ajeno al gobierno dominicano, induce a que las actividades locales de la ciudad de Santiago (al igual que otras ciudades dominicanas), sean especialmente vulnerables a las influencias externas. Esto se aumenta notablemente con la penetración de las empresas multinacionales en las principales industrias agrícolas del país: azucareras, bananeras, tabaqueras y de cacao, y se percibe con especial énfasis en ciudades de regiones agrícolas, como lo es Santiago.
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La influencia norteamericana |
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